Más que doble


En estos días, varios amigos han recibido su flamante pasaporte danés. Ahora tienen dos.

Y dos nacionalidades también. ¿Tienen entonces dos identidades?

Yo diría que, en realidad, el migrante posee multi identidad —cultural, se entiende, porque las identidades tienen muchas capas: somos quienes somos en parte por nuestra dotación genética, en parte por las enormes mellas que esta recibe de cada entorno con el que hemos interactuado. Nos influye nuestra familia, colegio, trabajo, amigos; Somos en solitario (malo, por ejemplo) y relacionalmente (amigo, hijo de...), en los grupos a los que pertenecemos (del Estudiantes, de un grupo de teatro, etc. ). Entre estos grupos, el más importante quizá sea nuestra cultura, porque nos ha enseñado cómo ver el mundo, cómo actuar en él.

Los migrantes tenemos varias identidades culturales: la primigenia,la(s) siguiente(s) y las que resultan de mezclar esas dos o varias. Porque no es lo mismo ser de Pekín en España, que ser español en Dinamarca. O Italiano en Dinamarca, por las mismas razones. Habrá entonces españeses, danianos, pekiñoles. Porque cada uno de nosotros nos enfrentamos a una misma realidad, pongamos por ejemplo, la sueca, pero con un bagaje diferente, que hará que echemos de menos cosas diferentes (el jamón ibérico o las hojas de té fresco), que nos resulten chocantes costumbres que a personas que procedan de otro lugar les pasen desapercibidas por ser similares a las de la cultura de origen (el medio abrazo o los besos). Acaso intentaremos mantener un cierto grado de nuestra identidad primigenia con el mismo material extranjero que tenemos a mano.

El pasaporte del otro país no solo es una concesión de un cierto grado de derechos civiles —no nos engañemos: no todos los pasaportes son iguales— sino una cierta aceptación simbólica de esa identidad que se nos ha colado entre las costillas. A ratos y a trozos.


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