Porsupuestos


Mi hermano

Ver partir alguien querido a otra tierra a es duro, pero aún más duro es verle marchar por segunda vez, acaso porque uno está resabiado, porque ya le has puesto cara a la ausencia.

La segunda partida de mi hermano querido me sobrevino como un zarpazo de oso, a pesar de estar avisadísima, porque desde que vino sabía que tendría que volverse.

En los últimos estupendos días que pasamos juntos había algo en el universo que no lograba colocarse del todo: el hondo dolor que anticipaba su marcha parecía torcer los ángulos de la realidad, era como si las paredes del mundo no fueran capaces de mantenerse rectas, igual que en las pesadillas.

Esa tristeza he debido apaciguarla pensando que estaría mejor en su neopaís, o eso creo.

Y aun así, se me queda siempre el pensamiento de esas cosas que damos por supuestas, como la proximidad física de las personas a las que adoramos y que, de pronto un día, dejan de ser un porsupuesto y nos dejan el mundo un poco torcido.



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