Ausencias


La pequeña y dulcísima Yué, cual Cenicienta, perdió uno de sus zapatos en su camino de retorno a casa, dejando tras de sí un palpable recordatorio de su ausencia.


Mis informantes me habían contado ya que uno de los mayores dolores del politerrícola es el de la lejanía de algún infante.

Cuánta verdad. Porque si no es lo mismo hablar con una pantalla que con una persona, el efecto risa de un achuchón a un bebé al que adoras no es ni remotamente ficcionable en el mundo virtual.

Menos mal que se ha dejado el zapato, porque ahora tendré que recorrer el mundo para devolvérselo.



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