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Tele-redes


Dice Sonia Santoveña que los humanos podemos formas redes de hasta 120 personas. Lo dice en su artículo Redes sociales, el poder de las conexiones, del magnífico libro Enredados en el mundo digital. Sociedad y redes sociales.


Las redes sociales han cambiado, sin duda ninguna, la realidad del migrante. Yo, como ella, estoy encantada de poder hablar con nuestra amiga Lola, que vive en Bruselas, y con ella misma, Sonia, que vive en España.

Para el migrante, que ve disolverse esa red de 120 el día que se muda a su neopaís, la importancia de mantener el contacto con las redes en su país de origen es vital. Ya lo he dicho muchas veces: las personas que se quedaron son un ancla en el territorio seguro, como cuando uno jugaba de pequeño al rescate y al llegar a puerto seguro gritaba ¡casa!

Cuando yo me mudé, allá por el Pleistoceno, las redes sociales no habían arrancado aún, y teníamos que tirar de un email recién estrenado con el prrrpiiiifffffrrrrr y del teléfono (¡cuelga, que es conferencia! y ya mucho más moderno fue el plan que sacó la movistar para hablar X minutos con el extranjero: qué estrés ajustando minutos).

Es cierto que el calor de un abrazo no lo sustituye un simulacro virtual, pero ayuda. Las redes sociales son para el migrante el lugar donde se mantiene vivo el contacto, que ya no va con el cuentagotas de la carta postal, el email o las llamadas de cuelga-que-es-conferencia. Son el lugar donde el contacto transnacional cobra la inmediatez o al menos, la ilusión de inmediatez, que es suficiente para mantener vivo el importantísimo vínculo con la casa.

Que vivan las redes.





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