He aprendido a leer las nubes


Hace años ya que aprendí a leer las nubes de estos fríos cielos. Algunas se van sin pena ni gloria, otras, sin embargo, llevan esa barriga rojuzca cargada de frío: a esas les llamo nubes malvadas, porque aparentan una angelicalidad ejemplar y en cambio regalan las temperaturas más crueles.

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