Diferencias culturales

Viajar a otros lugares es, además de una delicia cuando te juntas con gente a la que tienes cariñito, un ejercicio sanísimo de la revisión de nuestro mundo, que no es, ni mucho menos, el único posible.

El viaje corto de turista da oportunidades flacas de observar costumbres, formas diferentes de ver la vida, porque aprender sobre las costumbres y los usos requieren un poco más de labrado, al menos si se quiere comprender el discurso que los acompaña: conocer las costumbres requiere estancias más largas o contacto con los nativos.

Observar los objetos y comidas puede ser, en cambio, una buena forma de despertar la curiosidad del visitante fugaz, porque muchos de ellos están al alcance de la vista. Son una fuente relativamente accesible para comprobar cómo las maneras de funcionar, de hacer las cosas a las que estamos acostumbrados no son, en ningún caso, únicas.

Además de todo, es un juego muy entretenido.

Puedes leer más sobre la importancia que tienen los objetos en la vida diaria (en sus significados) aquí

Un recipiente para beber, por ejemplo, puede tomar las formas más variadas. A mí se me hacía impensable un cuenco sin asa para beber café. No sé si sería una cosa de aquél café en particular, o una cuestión bruselense. Pero ahí estaba.

Uno de los mejores ejemplos de la diversidad de posibilidades lo ofrece el pan: mezcla de agua, harina y sal. Parte de esa diversidad de posibilidades reside en los elementos añadidos y añadibles a esa mezcla, pero hasta cuando el pan está hecho de esos tres elementos, se puede presentar en las más dispersas formas, tamaños, texturas y usos: Pones a diferentes personas delante de los mismos elementos y son capaces de construir cosas totalmente distintas-y de darles un uso distinto porque no en todos los lugares del mundo se come el pan a la misma hora, ni se mezcla con las mismas cosas. Y todas ellas son estupendas (aunque, huelga decirlo, no todas nos gusten o tengamos nuestras favoritas.)

Y me repetiré un poquito: es esta diversidad que hace de nuestro planeta un lugar hermoso, que sería un aburrimiento viajar para encontrarte un lugar donde la gente habla el mismo idioma, come las mismas cosas, se comporta de la misma manera, y otro mar de cosas. Porque sin las diferencias no habría diferentes perspectivas, pero sobre todo, no habría razón para la curiosidad.

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