Refugiados

C ómo no voy a hablar de los refugiados, los nómadas por excelencia. Podría, bien podría escribir una oda emocional, porque de una u otra manera y como tantos otros, tengo sentimientos por estas personas.

Sin embargo, voy a intentar ceñirme a unos pocos y magros hechos:

1. La democracia no consisten en la mera decisión mayoritaria de las cosas.

No, la democracia es una negociación constante de los intereses de diversos colectivos que transcurre en el marco de unas máximas que son, por el contrario, innegociables. Se votan las negociaciones, pero no el marco.

Por ejemplo, por mucho que la mayoría (una mayoría, que además, nunca es tal) aprobara por votación la pena de muerte para quienes vistieran en color rosa, esto no sería democrático, porque estaría fuera de ese marco que son las reglas del juego: incumpliría una de esas máximas innegociables.

2. Tienen derecho a pedir asilo.

El derecho al asilo es un derecho recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el Artículo 14. Este derecho ha sido ratificado por 132 países entre los que se cuentan España, Alemania, Hungría... en La Carta Internacional de Derechos Humanos.

Esta carta es uno de esos marcos innegociables.

3. Vallas eléctricas, alambradas acuchilladas, muros (hasta los más cruentos mares, ríos, montañas) han demostrado ser estériles y hasta contraproducentes métodos de contención de las corrientes migratorias o fugitivas (desesperadas en mayor, menor o escasa medida): en ninguno de los casos ha logrado frenar el flujo. El efecto, más bien, es que dicha corriente se desvía a otros cauces más oscuros, al convertirse en carne de negocio sin escrúpulos de las mafias traficantes (de sueños), condenando así tanto a los refugiados/migrantes/fugitivos a la clandestinidad que imprime el no existir en los papeles que llevan sello. Y dicha clandestinidad niega el acceso a los trabajos en las condiciones deseables para todos: sanidad, derechos laborales, pago de impuestos, etc.

Sobre esto hay abundantísima literatura académica.

4. A falta de ética kantiana, acójase al utilitarismo

Nótese que hasta ahora no he apelado a la que debiera ser el primer argumento a blandir: el sentimiento humanitario. En caso de no ejercer la ética kantiana (en este caso, correspondería a celebrar la ayuda a quien lo necesita como un fin en sí mismo, sin considerar la utilidad que podría proporcionar tal ayuda), apele a una más recia, más prosaica (y que reconzco, a mí me gusta poco, pero eso es otra cosa): la utilitarista. Si la mera razón humanitaria no sirve, apliquemos la egoísta. Acoger a los refugiados nos viene mucho mejor que dejarlos tirados, que empujar a una masa a la clandestinidad y las consecuencias que ello tiene. Además, la riqueza cultural que aportan es sumamente importante. Oía hoy en Radio 3 Mondo, un programa de la RAI que recomiendo a los interesados en la materia de migraciones y que sepan algo de italiano, que la llegada de los refugiados en la última semana, ha generado un número importante de puestos de trabajo (esto se me va a quedar en medio hecho medio vaguedad, porque no recuerdo el número, aunque la cuestión es que genera puestos de trabajo). (Repito, a mí este argumento no me gusta, pero no estoy hablando de lo que me gusta)

5.La solidaridad con "los tuyos" es algo inherente y natural a la condición humana. Pero la definición de "Los tuyos" es muy relativa, y tan ficticia como real.

Las personas somos animales sociales, no sabemos funcionar fuera de grupos.

Ahora bien, tus compatriotas, "los tuyos" son un grupo tan ficticio como real. Compartir pasaporte y carnet de equipo de fútbol pueden generar igualmente intensos sentimientos de pertenencia al mismo grupo.

Tu vínculo con un seguidor australiano del Rayo Vallecano es tan real como el vínculo como un compatriota: es real en la medida en que hay un sentimiento. Pero los humanos somos capaces de generar sentimientos de pertenencia en grupos muy dispares. Eso sin olvidar que a buen seguro no considerarías uno de "los tuyos" a un compatriota que no compartiera tus ideas políticas, tu religión (o no religión), etc.

6. Por si no fuera suficiente: la cantidad de recursos que se destinan a "Los tuyos" son incomparables con los que se destinan a "los otros" Y si no, recuerda aquella campaña que nunca llegó a ninguna parte, a pesar de haber tenido lugar en momentos mucho más lozanosos que los presentes, para destinar el 0.7% del PIB en "los otros".

Esto como ejemplo a grosso modo, si quieres ponerle números, hazte unos cálculos con lo destinado en los presupuestos.

7. Las fronteras, la libre circulación, al intervención del Estado son esas cosas que a ratos nos vienen muy bien, a ratos son demoños horribles. Ahora toca demoño. Pero sólo para los refugiados, para las bolsas y esas cosas no.

8. Esto no para

Para terminar, y por no aburrir, diré que el panorama en que nos movemos (de calculada desolación bélica, fruto de una real politik en su más gruesa forma- y si no, échale un ojo a los wikileaks, pero si eso te parece demasiado radical, simplemente, lee algo de historia. De la que está publicamente reconocida, como el asesinato de Allende) ... y a la cuestión bélica se le suma una creciente y escandalosamente asimétrica de la distribución de los recursos, hacen que la "crisis" migratoria/de refugiados no sea ninguna crisis, sino una cuestión estructural y que está aquí para quedarse un rato largo.

Seguir pensando en los términos maniqueos de las pelis malas "los buenos versus los malos" - que no es otra cosa que un trasunto de "nosotros/vosotros"... seguir pensando en estos términos simplistas no puede más que conducirnos a las catástrofes, la primera, la de dejarnos convertir en la más miserable de las humanidades. Las otras: el caos, la miseria económica, la desigualdad, la guerra, el pánico.

Y sí, pensar en términos "ellos/nosotros" es inherente a la naturaleza humana, pero no menos que ser crítico con ese pensamiento. Y hacer algo para que no se nos coma vivos, como por ejemplo impartir antropología desde la guardería, para aprender a manejar los términos "ellos/nosotros" con menor ligereza y con más conciencia.

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