Echo de menos el Azar

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Echo de menos dar la vuelta a la esquina y encontrarme con la cara sonriente de un amigo al que no veía desde hacía 26 años.

Si me pongo racional, lo que ocurre es que la probabilidad de que esto ocurra en Copenhague se reduce a un nosecuántos. Pero uno echa de menos con el corazón y no con la calculadora.

Así que cuando me ocurren esos azarosos reencuentros estando de visita en Madrid, los cazo con las dos manos y los guardo en la caja de los tesoros.

Porque entonces aquello de "a ver si nos vemos" o "tenemos que quedar" cobra otro significado: quedas, de verdad quedas cuando llegan las "vacaciones" (véase mi post sobre las vacaciones del migrante aquí)

Y entre tanto esperas que un día, al doblar la esquina, te encuentres con otra cara sonriente, de esas que hace siglos que no ves y a los que te gustaría ver.

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