(A) Dos centímetros


—Two centimeters, just two —dijo al peluquero lanzaroteño mi amiga japonesa, sabedora, como todo el mundo, de la costumbre de los salones de belleza de todo el planeta de cortar más de lo solicitado.

En cuestión de segundos, se dio cuenta de que las tijeras volaban hacia el abismo de su sesera y presa del pánico increpó al intrépido hombre : —¡Just two centimeters!

El hombre abrió tal medida entre sus dedos pulgar e índice y se los llevó al cráneo. Ella los abrió y se los llevó a las puntas de su ya inexistente melena. Y fue así como mi amiga lució el peinado más corto desde su nacimiento.

A buen seguro, el fígaro pensó que era una extravagancia japonesa. Si su clienta hubiera sido española, se habría asegurado de que quería el pelo al dos. Y ella desconocía que la fórmula para sus deseos reza: —Córtame solo las puntas.


A veces, a los de fuera nos falta solo un pelo para reconocer un malentendido intercultural, pero nos quedamos a dos centímetros —so close!— de preguntar para asegurarnos, no vaya a ser que hagamos el ridículo. Aunque haya que ir rapada como un soldado.

Bueno, Akiko está guapa de cualquier manera, hasta con el pelo al 2.






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