Postales veranienas III: Polisemias gastronómicas


Miguel me contó que cuando pides cerveza fría en Tailandia, te traen los hielos para que te los pongas a tu gusto dentro de la cerveza. O te sirven la cerveza directamente on the rocks.


Las sorpresas en los restaurantes de culturas alejadas van más allá de la clásica de no entender qué pone en el menú: y es evidente que existen infinitas maneras de hacer las cosas, sin que una sea necesariamente mejor que otra en términos absolutos. Habrá personas a las que les guste más la cerveza rebajada y con menos gas por efecto de los hielos. Y huelga decir que uno siempre puede tener sus preferencias personales, aprendidas o no.


De estos fenómenos, me parecen más interesantes los malentendidos culturales propiamente dichos. Polisemia gastronómica, podríamos llamarlo: mismo nombre, distinto significado. Cerveza fría es cerveza que ha estado en la nevera o cerveza con un hielo flotando. ¿Filete al punto? ¿Qué punto? Nunca he conseguido que me sirvieran un filete lo suficientemente sangrante en Dinamarca, aun cuando insisto en que esté casi crudo. Y, sin embargo, un danés pensaría que el camarero le está tomando el pelo al traerle un filete al punto. Me consta que hunden sus ojos en el plato cuando les sirven un trozo de carne sin más. ¿Y el resto? ¿dónde está la salsa?

En cierta ocasión, en Hamburgo casi me tiran el servilletero a la cabeza cuando pedí un café con leche. —¿Café au lait? — dije tímidamente— Aquí no tenemos de eso—gruñó la camarera. Y me trajo un café de sobre disuelto en deliciosa agua caliente, eso sí, acompañado de unas microterrinas de sucedáneo de leche como las que dan en los aviones.

El café con hielo es también objeto de diferentes versionados: con leche, solo...

Cuentan cómo muchos norteamericanos protestan airados ante el tamaño del los menús XL de cierta cadena de hamburguesas: piensan que les están intentando timar.


La cuestión es que estas diferencias, en ciertos casos, pueden propiciar el mestizaje cultural, al tomar algún elemento extranjero e incorporarlo a nuestro propio proceder para mejorarlo. Y, en verdad, la historia del enriquecimiento de la humanidad se teje a agujazo de estos golpes de inspiración que constituyen los mestizajes. Son nuestras oportunidades de mutación cultural: y defiendo la innovación, el cambio y también el gusto personal, que marca preferencias: algunos nos parecen mejores que otros, claro.







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