La humanidad era esto


Una de las grandes preguntas (así, en general) es: ¿qué es el ser humano?

Es tentador, en los tiempos que corren, pensar que somos una especie despreciable, que el Universo no se perderá nada cuando, al fin, logremos dar la puntilla a nuestra probable prematura extinción.

Pues bien: me niego a aceptar esta horri-visión de la humanidad.

En primer lugar, creo que nuestra era no es muy diferente en cuanto a atrocidades a otras eras. Lo que es más: creo que aún continuamos aprendiendo a ser menos y menos execrables.

En segundo lugar, creo que es peligroso maximizar y hacer general el malismo que nos asola. Y reivindico fervientemente los logros de nuestros congéneres en campos tan dispersos como las ciencias (físicas, matemáticas, médicas, biológicas, químicas, informáticas, humanas, etc, etc), las artes o incluso, una decencia ética que parece, gracias a un espejismo, desvanecerse.


Por un lado, en este reciente estudio, podría confirmarse empíricamente que el malismo, lejos de ser la actitud dominante, es minoritaria, simplemente, sus estridentes chillidos suenan más alto. Obviamente, estos rebrotes de malismo son merecedores de alarma, y es necesario combatirlos si se quiere evitar una hecatombe planetaria.

Pero considero que invisibilizar la inmensa respuesta que están teniendo estos rebrotes odiosos, es aún más peligroso que ignorarlos, porque nos sitúa en un derrotismo impepinable, nos traslada a una inacción verdaderamente perjudicial.


Por otro lado, esta visión oscura de nuestra especie, considero, olvida los fantásticos logros que no se irán al carajo cuando:

La Tierra se haya hecho inhabitable, o

El sistema solar colapse (y no hayamos logrado dar con un planeta alternativo y la manera de transportarnos a él) o

Si hemos sido tan listos, cuando ese otro planeta agote sus posibilidades de habitabilidad, cuando nuestro Universo vea su fin.


No. Porque nada puede borrar lo que ya fue: nada podrá borrar lo muchísimo que hemos llegado a saber sobre el Universo, nosotros, esos seres tan canijos e insignificantes, hemos tocado los bordes del Universo, hemos comprendido (o habremos comprendido para entonces) tantísimo de su funcionamiento.

Hemos aterrizado una sonda en un asteroide, hemos mandado telescopios a explorar el universo, los habremos mandado al horizonte de los eventos, al borde de un agujero negro.

Hemos logrado vencer enfermedades, averiguar cómo funciona la vida, hemos logrado hacer películas como El Padrino, Siete Samuráis, Ciudadano Kane, El sueño eterno, Blade Runner (1982), por poner solo algunos ejemplos y no necesariamente los mejores. Hemos escrito Las mil y una noches, Cien años de soledad, El Ulises, La Odisea, por poner solo algunos ejemplos, y no necesariamente los mejores.

Hemos pintado Las meninas, Los girasoles, David y Goliat, o La Apoteosis de la guerra, por poner algunos ejemplos, y no necesariamente los mejores. No hace falta un listado de nuestros logros científicos y artísticos.

Pero sobre todas las cosas, la humanidad es capaz de responder no solo por nuestros congéneres, sino por otros seres vivos, hasta por las piedras.

Por todo esto, me niego a aceptar la visión de una humanidad oscura, miserable, horrible. Es injusto. Es peligroso.


La humanidad es, también, mucho más que eso.



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