Postales invernales II: Navidades exóticas


Los marcadores de la Navidad son de lo más variado a lo largo y ancho del planeta. Los adornos, a pesar de guardar cierto parecido sospechoso, no dejan de conservar su particularismo cultural. En la foto, se puede ver cómo se viste el centro de Copenhague para el periodo navideño. En realidad, más concretamente, las calles más comerciales del centro de la capital danesa. Esos sencillos corazones engarzados en guirnaldas de apariencia vegetal contrastan, por ejemplo, con la artificiosidad con que se adornan las calles en según qué municipios o ciudades españolas. Luces estridentes, abundantes, palpitantes.


Una de mis amigas danesas me recuerda de cuando en cuando que lo de toda la vida puede convertirse en algo exótico al ser sacado de contexto. Casi se atraganta cuando le hablé de la celebración del seis de enero en España: — ¡Pero entonces las navidades son larguísimas!

Julen varer længe, koster mange penge (La Navidad dura mucho y cuesta mucho dinero)reza uno de los tradicionales villancicos que se cantan alrededor del árbol en Nochebuena.

Y es que los corazones engarzados en guirnaldas vegetaloides presiden los cielos copenhagueses desde quizá un poco antes de diciembre, sin que este sea un adelanto ilegítimo: en Dinamarca, el periodo navideño se inicia, con todas las de la ley, el primer domingo de Adviento. Desde ese momento, las casas y las calles se adornan con luces y motivos propios de las fechas.

Desde el primero de diciembre y hasta Nochebuena, un par de canales de televisión emiten un capítulo diario de las tradicionales series de calendario de Navidad, que normalmente versan sobre alguna forma de tránsito entre el mundo de los duendes y de los humanos. Es muy normal que las familias con vástagos se concentren cada noche frente al aparato para disfrutar del episodio.

Muchos niños reciben cada día un pequeño regalo de los duendes que, se cuenta, además de comer algo muy parecido al arroz con leche (pero caliente, y coronado con un iceberg de mantequilla), hacen travesuras: cambian las cosas de sitio y se divierten con otras bromas inocentes.

En la España que yo conozco, al menos, las navidades empiezan el veinticuatro de diciembre, que ni siquiera es festivo. Les daría un patatús a mis neocompatriotas: ¿trabajar en Nochebuena? —¿Y qué se cena? — preguntó mi amiga, esperando recibir la misma respuesta categórica que daría un danés a semejante pregunta: a) b) o c): Pato, asado de cerdo o pavo. Y entonces volví a darme cuenta de que eso de que cada casa tenga un menú fuera de la triada, constituía otra excentricidad de mundos lejanos.

Si le llego a decir que cantar villancicos alrededor del árbol me produce urticaria, mi exotismo pasaría a nivel extraplanetario, creo.








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