De puente en puente...



ATENCIÓN: ESTE POST CONTIENE SPOILERS (bueno, sólo uno)


He pasado los Reyes fuera de España. Es más: donde la gente no sabe ni lo que es. Por primera vez en mi vida. Soy consciente de que soy una privilegiada, que hay gente mucho peor.

Me había imaginado que sería algo muy triste. Pero la verdad es que la presencia de mi adorada hermana distorsionó todo el efecto , porque cuando ella está nada es triste. El roscón nos lo comimos, lo trajimos en la maleta en un acto de dignidad pacomartinezsoriana.


En cualquier caso, la sensación fue muy diferente a la que había pintado en mi mente.

Quizá porque hace tiempo que sé que los Reyes no existen. Son los padres. Perdón, pero tenía que decirlo.

Así que no me hacía ilusión ver una estrella fugaz esa noche en particular, y tampoco se me había llenado la tripa de mariposas ante la expectativa de un zapato rodeado de unos regalos (que fueron estupendos, todo sea dicho, pero no es eso. Es que ya no es igual)

Me dio un poco de pena no ser parte del ritual de la cabalgata- como espectadora, claro, pero al fin y al cabo, los rituales no serían nada sin sus observadores.

La sensación no fue de nostalgia. No fue. Simplemente. Es como si este año nos los hubiésemos saltado. De puente a puente y tiro porque me lleva la corriente y las casillas entre puente y puente, ¡hala! al calabozo de la inexistencia.

Claro, que yo no puedo quejarme. Si esto me parece raro, qué no será pasar navidades en Tailandia, pasando calor y como si nada. O para un chino pasar el Año Nuevo Chino en Dinamarca o, por lo mismo, para un iraní pasar el equinoccio de primavera en un lugar donde no saben ni que ha cambiado el año. Para que luego digan que los migrantes no somos unos valientes. Vaya si lo somos, y mucho.


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