Ah!mistad



Estoy iniciando la exploración de un terreno desconocido para mí: la aproximación de la antropología a la amistad. Como estoy en etapa iniciática, debo advertir que este post es un pensar en voz alta más que otra cosa. Si ahora mismo me dieran a elegir un trabajo de campo, elegiría este sin dudarlo. Me fascina y no me puedo esperar a haber leído un poco más, tengo urgencia compartitiva, por mucho que este post sea un poliberenjenal.


Iba a decir que, según lo que he leído, parecía que la antropología había dejado la amistad para unas negligentísimas migajas, para papeles segundones en la obra etnográfica- pero hay una regla de oro y esa es: nunca decir que no se ha escrito sobre algo. Rascando un poco, se ve que esto no es del todo cierto.

Como fuere: abrir la puerta de una inexplorada selva antropológica, significa poner patas arriba ese mapa mental que uno tardó tanto tiempo en dibujar. Pero es precisamente esto que me apasiona de la antropología: la sensación de estar explorando constantemente y descubriéndole esquinas nuevas a viejos lugares. Así, he empezado a desenterrar sequoias:


¿Cómo se define la amistad?

Por ejemplo: ¿dónde está la línea que la separa del parentesco? ¿En qué se diferencia un pariente de un amigo? Las cosas no son tan fáciles como acudir a la aplastancia de la sangre, porque esta no define exclusivamente el parentesco. Está el mundo, el universo de los parentescos políticos (el alcance de la gente a la que se considera familia es enormemente variable a lo largo y ancho del planeta), de las adopciones, del parentesco elegido (anda que no hay tíos-amigos en nuestra cultura)... ¿qué se espera de alguien que es tu pariente a diferencia de quien es tu amigo?


Una opción es la jerarquía: algunos han propuesto la jerarquización de las relaciones de parentesco, frente a la igualdad de condiciones de la amistad.

Pero lo cierto es que (estoy pensando en voz alta) la jerarquía tampoco es un elemento omnipresente en el parentesco. No me voy a meter en rollos técnicos, que quiero que te quedes leyendo, pero, aunque haya sistemas de parentesco (culturas en las que se entiende la importancia de tal miembro de la familia, como el avuncular) donde un primo es más importante que otro, esto no es universal. No en todas las culturas una parte de la familia cuenta más que la otra.


Tiene que quedar claro que no se trata de cómo cada individuo ejecuta la amistad, sino cómo está organizada institucionalmente, cómo se entiende en términos generales: se entiende que un amigo no vale menos que otro. Aunque haya relaciones desiguales: cuántos casos de abusadores-abusados, lo que viene llamándose jetas, habrá repartidos por el planeta Tierra y aquellos cuerpos celestes en los que haya vida social. Pero esas podrían ser legítimamente consideradas perversiones del concepto de amistad, y de hecho, es posible que cuando la relación se desequilibra el amigo deje de llamarse tal y hasta termine con la relación.


Ahora bien: siguiendo con mi reflexión en voz alta, creo que sí hay una excepción al igualitarismo institucionalizado en la amistad: al menos, en el contexto que yo conozco: el de amigos transnacionales españoles: se da por hecho que quien se va, asume la responsabilidad de mantenimiento de la amistad. Es una vertiente del "no haberte ido": el amigo migrante es quien debe visitar, organizar y propiciar los encuentros, incluso telefónicos. No tengo datos estadísticos al respecto, pero los testimonios de mis amigos migrados coinciden en todos los casos en esto. Quizá se deba a que uno, cuando emigra, se sale de entorno y por tanto de las rutinas asociadas a ese entorno. Rutinas y rituales, como llamar (a honrosa excepción de la llamada de cumpleaños), visitar, etc.

No digo que esté bien ni mal, es sólo un hecho. Yo asumo con naturalidad, como mis co-migrantes, esa asimetría especial de las amistades transnacionales.


Además de estas potenciales objeciones sobre la igualdad como definitoria de la amistad, se suma otra: que ésta está basada en el occidentalísimo concepto de individuo. Un individuo que toma decisiones racionales, lo que significa, en términos generales, que el individuo elige lo que le conviene. Y eso incluye las amistades. O sea: que las amistades son relaciones de conveniencia. O eso dicen algunos. En realidad, tampoco hace falta salirse de occidente para encontrar la visión contraria: la máxima kantiana es diametralmente opuesta a este utilitarismo. Los demás no son un medio para conseguir cosas que nos interesan, sino al contrario, un fin. Y, por tanto, la suposición de que la amistad es una relación instrumental no es tan clara. O no se puede aceptar sin más, aunque haya vestigios de instrumentalidad; por ejemplo, se dice que un amigo es quien está ahí cuando lo necesitas. Pero también se dice: "por el interés te quiero, Andrés". Y no es precisamente un piropo o una muestra de aceptación social del "usar" a los amigos. La gratuidad de la amistad es algo valorado en las culturas mediterráneas, al menos. Creo.

Aquí haré un inciso para hablar un acontecimiento que me hizo entender mi neopaís después de haber pasado 14 años aquí. Una amiga me contaba cómo había regañado a su hija por haber compartido con los niños de su clase un juguete. Pero no tanto por esa idea (equivocadísima, a mi juicio) de equiparar generosidad con estupidez. No. Según ella, las relaciones y el afecto no se deben comprar con favores o regalos, del tipo que sean. Y nunca se me había ocurrido pensar que mis impulsos ayudantiles pudieran ser una forma de mercantilismo emocional. Porque en realidad, en mi corazón siento con firmeza la máxima kantiana de que las personas son un fin y no un medio. (De este berenjenal me salgo rápido, tralalá)









Bueno: entonces, parece bastante difícil definir qué es un amigo: no es un pariente, no es alguien libre de la jerarquía, no es alguien ni instrumentalizado ni todo lo contrario.

Pues yo me quedo con cierta definición india: aunque haya reglas no escritas (de las que, a buen seguro voy a leer en breve), un amigo es quien sientes que es tu amigo. Por quien guardas un cierto sentimiento. Los otros ingredientes de la receta son complicados, pero allá van: a las que no les has comprado el título de amigos. Por las que harías... no sé si lo que fuera, pero mucho. Y de quien no sé si no esperarías nada, pero querrías no esperar nada, al menos.


Seguiremos informando.










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