Espiar espacios


Me fascinan las webcams del mundo. Puedes plantarte en una ventanita que te enseña Manhattan, Roma o Madrid en cuestión de segundos. Los olores se quedan fuera, la mayor parte de cámaras no se acompañan de sonido- lo que les da un toque de desconcierto aún mayor (aunque hay excepsiones: por ejemplo, la de Manhattan o la de la Plaza Cavour de Roma)


No a todas horas, rara vez lo hago, pero a ratos me siento en estas ventanas, casi siento mis pies colgando dentro de la escena.

Las hormiguitas moviéndose de un punto a otro o el murmullo de las que se aliñan con voz son sugerentes y a buen seguro, si uno tuviera la paciencia suficiente, podría presenciar auténticas historias e inventarles un argumento- pero lo que más me gusta es observar cómo son esos espacios.

Porque el paisaje urbano es una de las mayores construcciones culturales y que dice muchas cosas sin gritar. Cómo están señalados los usos del espacio, por dónde pueden (o deben) ir los peatones, los coches, las bicis. Si es que pueden, claro, porque esa es una de las cuestiones fundamentales del urbanismo: por ejemplo, en mi barrio, es evidente que la construcción es de los años 70, ciudad dormitorio, donde los peatones no contaban gran cosa, porque se entendía que aquello no era más que un lugar para ir a dormir, y en coche, además. Las aceras de pronto se desvanecen, para confusión del peatón. Los coches al salir del garaje no pueden ver si se le cruzará un peatón: el espacio se ha diseñado pensando en el coche como usuario de ese espacio. Por ejemplo, Times Square fue recientemente remodelada para devolver el espacio al ciudadano, cerrando al tráfico un área importante, que se ha convertido en lugar de comercio, sí, pero también de encuentro.

En el diseño urbano se decide si tal espacio público es un lugar de comercio, de encuentro, de tránsito... ¿Quién usa el espacio y a qué hora? Los espacios tienen sus permisos por horas. La plaza de España en Roma es lugar de turismo y de compras durante el día y de encuentros durante la noche. Las hordas en Venecia, los taxis amarillos en Times Square, la gente en Madrid. Ese carril bici de Madrid, que no es más que un graffiti.

¿Por dónde van los coches, los peatones, las bicis? ¿Cómo son las líneas? ¿Cuáles son las reglas no escritas? ¿Cuánto espacio es un anuncio y cuánto un patrimonio artístico o arquitectónico? ¿Qué se ilumina?

Qué aburrido sería el mundo si todo fuese igual.






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