Volver a ser un niño


21.

Se acercan las elecciones y muchísimos de los españoles más o menos residentes en el extranjero (y más o menos por voluntad propia) se verán privados de uno de los derechos humanos fundamentales de nuestra era: concretamente el número 21.

Aunque la participación democrática tiene lugar en muy diversas esferas (en la familia, en el trabajo...), la esferísima por excelencia es la política, donde el ciudadano cristaliza periódicamente su condición como tal en el ritual democrático de las elecciones.

Aun cuando la evaluación debería ser continua, aun cuando el ciudadano se hace tal en las múltiples decisiones e incluso en la elaboración del discurso público, que también se forja en las conversaciones de barra de bar, aun a pesar de todo esto, es en las elecciones donde el ciudadano se hace valer como adulto: Cuando seas mayor comerás huevos (o comerás dos huevos, en las versiones de las casas más boyantes), cuando seas mayor tendrás privilegios, podrás decidir, podrás hacerte oír.

De entre esos privilegios, el derecho al voto es una de las grandes conquistas de nuestra evolución social, que en estos días está de (pero que muy) capa caída.

La impepinabilidad del voto les es negada a los muchos españoles que no pueden ejercer su derecho humano número 21, y son así devueltos al estadio infante, son convertidos en apátridas políticos sin capacidad de decisión sobre un país que sienten suyo (y en ocasiones hasta más suyo que antes de partir)... porque en realidad tampoco tienen poder de decisión política sobre su país prestado en la casi mayoría de los casos.*

No pretendo adentrarme en una discusión sobre las finas y permeables fronteras ciudadanía-migración-etnicidad, aunque este es, sin duda, un debate absolutamente necesario en un mundo que se ha apresurado a movilizar sin remordimientos el traspaso de objetos, productos, trabajo, etc de un lado a otro del planeta olvidando en el ajetreado trasiego a los portadores y principales beneficiarios (o perjudiciarios...) de estas cosas: las personas, con sus derechos:

Lejos del debate, esto no es más que la constatación de un hecho: una gran mayoría de los españoles residentes en el extranjero sentirán volver a ser un niño el 20 de diciembre de este año, pero no será algo tan bonito como la canción. No precisamente.

* Con suerte, algunos países permiten a los migrantes participar en los comicios locales y/o regionales, pero no en los nacionales, un nivel al que se debaten políticas migratorias y de integración.

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