Horóscopos

Una vez le pregunté a una amiga psicóloga cuánta verdad había en esto de los horóscopos y las personalidades. Descartada la opción astral, me preguntaba qué otros secretos más prosaicos se escondían tras las descripciones de las formas de ser de personas por el hecho de haber nacido en tal o cual momento.

Mi amiga improvisó una respuesta que no me convenció del todo: dijo que en distintas épocas del año se comen distintas cosas y esos elementos en el estado de gestación tienen una influencia en la parte de nuestra forma de ser que nos viene dada al nacer. Hm. Esta explicación, aun siendo más palpable no terminó de convencerme.

Fue tiempo después, cuando me interesé por los estereotipos que di con una respuesta que me pareció mucho más acertada.

La personalidad, como he escrito en varios post, no es algo estanco, invariable. No es algo puramente genético (ni mucho menos) sino que va cambiando no solo a lo largo de la vida, sino a lo largo del día: porque uno se comporta de distintas maneras en función de su contexto. Entender nuestra forma de ser como algo no "sustancial", es decir, entender que "yo no soy así o asá, yo soy muchos yoes" abre muchas puertas explicativas. También he hablado de los estigmas: juntemos ahora la plasticidad de nuestra forma de ser con los estigmas y añadamos un tercer ingrediente: las etiquetas.

Aun cuando sea cierto que haya un algo genético que hace que una niña o un niño sea más inquieto que otro, es aún más cierto que cuando a una niña o un niño se le dice que es inquieto repetidas veces, acabará por comportarse como lo que cree ser.

Y así, cuando nos dicen que como somos escorpio hacemos patatín o patatán, lo acabamos haciendo. Porque más poderosos (por mentira que parezca) que los genes, en esto de las formas de ser, son las etiquetas. Por ejemplo, los malos de la clase. La insistencia en explicar su comportamiento travieso como su esencia - es que es así- hacen que la niña o el niño repitan su conducta. hasta, en efecto, convertirse en los malos de la clase.

Y cómo no, recuerdo el tema de los estigmas relacionados con las personalidades nacionales: no es muy distinto ser el malo de la clase a ser el malo del país.

Las generalizaciones, las etiquetas, en especial cuando son negativas, suponen una traba para quien las lleva. Y para quien las juzga.

Juntar en la misma frase criminalidad con xx nacionalidad (por no hablar ya de los inmigrantes, para rizar el rizo, porque aúna muchas nacionalidades) es tan injusto como despreciable.

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