¡¡¡Vacaciones!!!! (¿Qué vacaciones?)

En realidad la idea de escribir pautas de ayuda a los politerrícolas perpetuos se me plantó en la cabeza un día en que mi amiga del alma se había puesto tan triste porque su hermano expatriado no podía abrir más hueco en su agenda de visita navideña para ella. Entonces supe lo incomprendido e incomprensible de la realidad del emigrado.

Para el politerrícola, los confines del planeta son lo más parecido al Increíble hombre menguante, porque en realidad se limitan a dos puntos: casa de aquí y casa de allí. El resto de los lugares terrestres hay que negociarlos milímetro a milímetro. Con tu familia, amigos, que no comprenden (o no todos) que quieras ver otra cosa que a ellos; y contigo mismo, porque al fin y al cabo, a pesar de no haber abandonado ese espíritu aventurero que te llevó a dar el gran salto, echas de menos tu gente, tu ciudad, tu comida... y además se te han acabado o caducado esas medicinas que, aunque no uses, tienes en tu botiquín particular por si acaso.. porque aquí no las venden.

Es verdad que con el paso de los años se van abriendo pequeñas grietas en esa fidelidad dual y puedas añadir más y más pines al mapamundi de tu vena exploratoria... pero seguirán siendo concesiones.

Te has comprado los billetes para ir a casa (casa, la de tu infancia o la última antes de partir) y comienza el arte de juegos de destreza y habilidad que supone componer la agenda de visitas. Tus amigos creen que te has vuelto loco o que no te acuerdas de la espontaneidad porque propones fechas para quedar con dos meses de antelación. Pero es que tu tiempo en España es de oro. Cada minuto es un tesoro que mimar.

En ese tiempo hay fechas fijas, inviolables con tu familia. So pena de castigo en las llamas eternas del infierno. Navidad, aún peor. Hay visitas al médico, al dentista, al peluquero. A la tienda de libros, a ponerte al día con las películas españolas, porque no quieres perderte ni una escena de tu directora o director favorito. A la farmaciaa¡. A la tienda de ropa para hacerte con unos pantalones, porque allí donde vives,las chicas son planas en lo que es la parte trasera y el diseño de los pantalones locales no puede albergar tu pandero semiafricano.

Y los amigos, claro. Tú quieres verles a todos, apretar las visitas todo lo posible, desayuno, aperitivo, comida, merienda, cena... tu agenda parece un concierto de los Rolling, Y entonces siempre hay docenas que querrías ver desde hace años, pero no lo consigues, por razones tan misteriosas como aquellas por las que la gente no salía de la casa en El Ángel Exterminador.

Y entonces los hay que se enfadan. Por no hablar de tu familia, que te querría en casa el 100% del tiempo. Perosiesquequierovertambiénamisamigos. O te pones enfermo en medio de las vacaciones y te quedas sin ver a la mitad de la mitad.

En algún momento empiezas a idear estrategias, a evitar las fugaces visitasdemédico que no te saben a nada, cambias cantidad por calidad; los hay que hacen visitas secretas, no se lo cuentan más que a dos, los hay que convocan quedadas masivas. Pero algunas veces, como son masivas, hay muchos que no se dan por aludidos, o que piensan que al fin y al cabo fuiste tú el que se largó y tiene que hacer el esfuerzo. Entonces tú asumes que ya no les importas y te alejas un poquito más de tu casa de allí.

O los hay que solo se ven cuando tú vas: porque es ahora o nunca. Y eso te hace sentir que los dos mil kilómetros son nada, porque con amigos así no hay distancia que valga.

Y te vuelves turista en tu propia ciudad: no sabes dónde quedar, no te conoces ni un garito. Eso es lo que más me gusta. Siempre me dio pena no ser turista en mi ciudad, porque me parecía una pesadilla para vivir, pero una maravilla para visitar. Y mira por dónde, ahora paseo por sus calles con un deleite que me hubiera dado envidia entonces.

Y se te pasan los días volando y ya es la hora de volver. A casa, la otra, previo practicar un poco de tetris con tu maleta, donde no te caben ni la mitad de las cosas: medicinas, regalos gigantescos con cajas enormes, jamón del güeno, boomerangs, arpones groenlandeses, paelleros, thermomix, leche condensada, fuentes de ranas para el gato, a tu agüela *...

Ahhh, y ahora.... a descansar en la oficina, que las vacaciones te han dejado para el arrastre.

*Todas estas cosas son reales. Bueno, lo de la agüela creo que era más un deseo. Lo demás son confesiones rigurosamente ciertas.

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