Berta


Hace muchos años decidí mudarme a Dinamarca. No tardé mucho en darme cuenta de que ya nada sería nunca igual.

Necesitaba comprender qué me estaba pasando y me hice antropóloga por la UNED. Gracias a las muchas cosas que aprendí de mis buenos profesores y los buenos libros que me dieron para leer, conseguí hacer de mi viaje una experiencia apasionante.

Pero extranjerizarse no es todo un camino de rosas: hacerse extranjero es muy duro. En realidad uno se hace sólo medio extranjero. Y eso es más duro aún.

 

Durante muchos años trabajé Naciones Unidas, donde viví de muy cerca las maravillas y los retos del multiculturalismo. Allí diseñé y conduje muchos talleres de orientación al trabajo en entornos pluriculturales. En una de nuestras oficias estábamos muy orgullosos de reunir 28 nacionalidades distintas.

 

Comparto aquí mi particular viaje al politerricolismo crónico.

 

 

 

 

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